Habacuc estaba perplejo, no solo por la degeneración de su propio pueblo sino también por la certeza de que su país sería juzgado por otra nación, peor que él. El profeta percibía bien los pecados de Judá, pero, según cualquier norma, su pueblo, específicamente los justos entre ellos, no eran tan malvados como los babilonios paganos.
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” Habacuc 2:14.
Eran las 4:53 PM, horal local, el 12 de enero de 2010. Un terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter sacudió Haití causando más de 200.000 muertes, enorme destrucción material y sufrimiento indescriptible. El 27 de enero del mismo año, tan solo mes y medio después, otro terremoto golpeó a Chile dejando a su paso muerte, pérdidas materiales y tristeza. Según Richard Gross, científico jefe de la NASA, este terremoto de magnitud 8.8 fue lo suficientemente fuerte para haber desbalanceado el eje de la tierra en 2.7 milisegundos (unos 8 cms.). El 11 de marzo del siguiente año un fuerte terremoto de magnitud 8.9, el más fuerte en los últimos 140 años de la historia de Japón, generó un tsunami que dejó más de 10.000 muertos, más de 16.000 desaparecidos, y a otros miles heridos y/o sin hogar. Otros efectos lamentables siguieron en estela. Leer más...
Era un día sábado y me tocaba predicar en el culto divino. Faltaban diez minutos para las once de la mañana, estaba listo para salir a la plataforma cuando mi teléfono celular sonó. No quise atender porque pronto saldría, pero ante la insistencia de las llamadas atendí. En el otro lado pude reconocer la voz de mi hermana que entre sollozos me dijo: “Elías tuvo un accidente, se cayó su helicóptero y está muerto”. Aparentemente los ganchos de aterrizaje se enredaron en un cable de alta tensión que mi hermano no vio. Elías era mi hermano menor, a quien yo había criado, era como mi hijo. De todas maneras prediqué, pero sentía que algo partía mi ser. Cuando salí lloré como un niño. Emprendí un viaje por tierra de unos 250 Kilómetros, a fin de reunirme con mis familiares para darles consuelo. Allí estaban mis hermanas, mi pobre madre, los hijos de mi difunto hermano y su esposa, todos destrozados. Mi misión era consolarlos, hablarles de la esperanza de la vida eterna, cosas que los cristianos sabemos, pero que en estos momentos no terminamos de entender. ¿Preguntas? Si muchas. ¿Pudo Dios impedir que el helicóptero prendiera ese día? Claro que sí. ¿Pudo Dios haber hecho que mi hermano notara el peligro y viera el cable? Claro que sí. ¿Entonces qué pasó? No lo sé. Leer más...
Observa brevemente el lugar donde se sienta tu clase de modo que puedas observar dos cosas: [1] Cuántos miembros han llegado y cuántos faltan y [2] Cuantas visitas estarán presentes en tu repaso. Esto, con el doble propósito de orar por los miembros que faltan, y darles una cordial bienvenida a las visitas después que se hayan presentado brevemente. De esta manera podrás preparar el ambiente para tu repaso. Leer más...