“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová” (Lev. 19:18).

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Lee Mateo 22:37 al 40; luego Éxodo 20:1 al 17. El resumen que hace Jesús de los mandamientos, ¿en qué medida te ayuda a entender lo que lees en cada uno de los Diez Mandamientos?

Los Diez Mandamientos se leen como una constitución. Después de un breve preámbulo que establece la base sobre la que se hacen estas declaraciones (en este caso, el hecho de que Dios haya liberado a su pueblo) el documento enumera los principios fundamentales sobre los que se establece la nación. En este caso, había órdenes específicas sobre cómo los seres humanos podrían poner en práctica su amor por Dios y por los demás. No es extraño que muchas naciones con una herencia cristiana hayan extraído la base de sus leyes de estos principios rectores.

Si bien muchas de estas declaraciones son breves, no debemos subes- timar el alcance de su impacto y la amplitud de los Diez Mandamientos como la ley de la vida. Por ejemplo, el sexto mandamiento: “No matarás” (Éxo. 20:13), resume e incluye “todo acto de injusticia que contribuya a abreviar la vida”, así como “todo descuido egoísta que nos impida cuidar de los necesitados y sufrientes” (PP 316). Asimismo, la prohibición de robar (ver Éxo. 20:15) condena “el tráfico de esclavos, y prohíbe las guerras de conquista”. “Requiere el pago de las deudas y de salarios justos”, y prohíbe “toda tentativa de sacar provecho de la ignorancia, debilidad o desgracia de los demás” (PP 317).

Es fácil convencernos de que no somos malas personas. Por ejemplo, si no estamos directamente involucrados en un asesinato o un robo evidente, podría parecer que vamos bien. Pero cuando Jesús habló sobre los mandamientos, dejó en claro que los mandamientos no se cumplen simplemente evitando hacer algunos actos específicos, sino también que con nuestros pensamientos, motivaciones e, incluso, al no hacer cosas que sabemos que debemos hacer, transgredimos la Ley de Dios (ver Mat. 5:21-30).

Imagínate una sociedad en la que cada uno de los Diez Mandamientos se tomara en serio y se viviera plenamente. Sería una sociedad activa y vibrante en la que todos obrarían con entusiasmo, amando y cuidando a los demás por amor a Dios.

¿Por qué tendemos a leer los Diez Mandamientos en sentido estricto, ignorando muchas veces las aplicaciones más amplias de estos importantes principios en nuestra vida? ¿Por qué en la práctica es más fácil seguir la lectura más restringida?

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