“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efe. 4:26).

PERDÓN Y PAZ

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mat. 7:12). Piensa en todas las formas en que necesitas aplicar este principio en tu vida, dentro y fuera de la familia, y a continuación anota cuáles son esas ocasiones y decide, con fe, cómo puedes lograrlo.

El autor de Hebreos aconsejó: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14). Incluso aunque hayamos tomado todas las medidas necesarias, algunos que nos han hecho daño no escucharán ni cambiarán. Algunos probablemente se disculpen; pero otros, no. De todos modos, es para nuestro beneficio tomar el camino del perdón recién mencionado, especialmente cuando se trata de un miembro de la familia.

De hecho, el perdón es una parte esencial de la resolución de conflictos, especialmente en la familia. Cuando alguien peca contra nosotros, al ene- migo de Dios le encanta erigir un muro entre nosotros y esa persona, un obstáculo que nos impida amar a esa persona como Cristo nos amó. El perdón es una decisión que tomamos para evitar ese obstáculo.

“No somos perdonados porque perdonamos, sino por cómo perdonamos. El fundamento de todo perdón se encuentra en el amor inmerecido de Dios; pero por nuestra actitud hacia los demás mostramos si hemos hecho nuestro ese amor. Por tanto, Cristo dice: ‘Con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, serán medidos’ ” (PVGM 196, 197).

Al mismo tiempo, cuando nosotros somos los culpables, tenemos que tratar de restaurar la relación rota con la otra persona, lo que puede implicar acercarnos a ella y decirle que lamentamos lo que hemos hecho, y pedirle perdón. Eso es lo que dijo Jesús: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mat. 5:23, 24). Es agradable cuando alguien que nos ha lastimado se disculpa y pide perdón. Del mismo modo, es bueno cuando brindamos a otros el mismo tipo de atención.

El hecho de pensar en todo lo que necesitas para ser perdonado ¿de qué manera te ayuda a aprender a perdonar a los demás?

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