“¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Pues solo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado” (Apoc. 15:4).

EL DERRAMAMIENTO DE LAS ÚLTIMAS PLAGAS

Con el cese de la intercesión de Cristo en el Santuario celestial, el destino de cada persona queda determinado para siempre. Para quienes han despreciado el evangelio, ha llegado la hora de experimentar la ira de Dios en su plenitud.

Las siete últimas plagas imitan las plagas derramadas sobre Egipto (Éxo. 7-11). Así como las plagas de Egipto afectaron a los egipcios en tanto que a los israelitas no, así también el pueblo de Dios será protegido durante este tiempo de angustia (Sal. 91:3-10; ver CS 612, 613). Las plagas de Egipto revelaron la dureza del corazón del faraón y demostraron ante los egipcios la incapacidad de sus dioses para protegerlos. Asimismo, las últimas plagas endurecen cada vez más el corazón de los adoradores de la bestia que sube del mar y revelan la impotencia de Babilonia para protegerlos del juicio divino.

Lee Apocalipsis 16:1 al 11. ¿Qué sucede aquí, y cuál es la descripción?

Las primeras cuatro plagas “no son universales, pues de lo contrario los habitantes de la Tierra serían eliminados totalmente” (CS 612). La primera inflige llagas dolorosas y repugnantes exclusivamente a los adoradores de la bestia. La segunda y la tercera plagas afectan el mar, los ríos y las fuentes de agua, que se convierten en sangre. Sin agua para beber, la humanidad rebelde no podrá sobrevivir. La cuarta plaga afecta al Sol, y quema a la gente, causando un dolor insoportable.

El dolor insoportable causado por las plagas no suaviza el corazón de la humanidad impía ni cambia su actitud rebelde. Esta maldice y blasfema a Dios, quien ejecuta estas plagas. Nadie se arrepiente tampoco.

En Apocalipsis 16:10 y 11 (ver, además, Éxo. 10:21-23), podemos ver que la quinta plaga ataca el trono de la bestia. Fue Satanás quien delegó el trono en la bestia (Apoc. 13:2). Ahora ni siquiera la sede de la autoridad de Satanás puede resistir la fuerza de estas plagas. Como la gente sufre dolor, se da cuenta de la incapacidad de Babilonia para protegerla. Sin embargo, como se opuso a Dios, ni siquiera el terror de las plagas cambia su corazón.

¿Cómo podemos cultivar una experiencia íntima con el Señor, a fin de que, si llegásemos a vivir una tragedia, sepamos lo suficiente de su amor como para confiar en él incluso en medio del sufrimiento?

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