“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Rom. 5:10).

EL PERDÓN

¿Qué es el perdón? El perdón ¿justifica el comportamiento de alguien que nos ha hecho un daño terrible? Mi perdón ¿depende del arrepentimiento del ofensor? ¿Qué pasa si la persona con la que estoy enojado no merece perdón?

¿Cómo nos ayudan los siguientes pasajes a comprender la naturaleza bíblica del perdón? Rom. 5:8-11; Luc. 23:31-34; 2 Cor. 5:20, 21; Efe. 4:26.

Cristo tomó la iniciativa de reconciliarnos con él. “La bondad de Dios es para guiarte a que te arrepientas y abandones tu pecado” (Rom. 2:4, NTV). En Cristo, fuimos reconciliados con Dios mientras aún éramos pecadores. Nuestro arrepentimiento y nuestra confesión no generan reconciliación. La muerte de Cristo en la Cruz, sí. Nuestra parte es aceptar lo que él hizo por nosotros.

Es verdad que no podemos recibir las bendiciones del perdón hasta que confesemos nuestros pecados. Esto no significa que nuestra confesión produzca el perdón en el corazón de Dios. El perdón estaba en su corazón todo el tiempo. La confesión, en cambio, nos permite recibirlo (1 Juan 1:9). Esta es de vital importancia, no porque cambie la actitud de Dios hacia nosotros, sino porque cambia nuestra actitud hacia él. Cuando nos sometemos al poder de convicción del Espíritu Santo para arrepentirnos y confesar nuestro pecado, somos transformados.

El perdón también es vital para nuestro bienestar espiritual. El hecho de no perdonar a alguien que nos ha causado daño, por más que no merezca el perdón, puede lastimarnos más a nosotros que a la otra persona. Si alguien te ha herido y el dolor se encona en tu interior porque no puedes perdonar, estás permitiéndole que te lastime aún más. ¡Con cuánta frecuencia esos sentimientos y ese dolor son causa de divisiones y tensiones en la iglesia! El daño no resuelto entre los miembros de iglesia daña la unidad del cuerpo de Cristo.

El perdón libera al otro de nuestra condena porque Cristo nos ha liberado de su condenación. No justifica el comportamiento de los demás hacia nosotros. Podemos reconciliarnos con alguien que nos ha agraviado, porque Cristo nos reconcilió consigo mismo cuando lo perjudicamos. Podemos perdonar porque somos perdonados. Podemos amar porque somos amados. El perdón es una decisión. Podemos elegir perdonar a pesar de las acciones o las actitudes de la otra persona. Este es el verdadero espíritu de Jesús.

El hecho de centrarnos en el perdón que tenemos en Cristo ¿cómo puede ayudarnos a aprender a perdonar a los demás? ¿Por qué este perdón es un aspecto tan esencial de nuestra experiencia cristiana?

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