“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hech. 2:32, 33).

EL DON DE LENGUAS

En Hechos 2:4, el don del Espíritu se manifestó a través del don de lenguas. Sin embargo, este don era solo una de las tantas manifestaciones diferentes del Espíritu (Hech. 10:45, 46; 19:6). Otras son: predicción del futuro (Hech. 11:28), visiones (Hech. 7:55), discursos inspirados (Hech. 2:8; 28:25), sanidad (Hech. 3:6, 12; 5:12, 16) y aptitud para el servicio (Hech. 6:3, 5).

El don de lenguas en Pentecostés no sucedió por ser la evidencia típica o la más importante del derramamiento del Espíritu. Se manifestó con el fin de lanzar la misión mundial de la iglesia. Es decir, el llamado que se presenta en Hechos 1:8 requería el don de lenguas. Para que los apóstoles pudieran superar las barreras culturales y llegar hasta los confines de la Tierra con el evangelio, debían ser capaces de hablar en los idiomas de quienes tendrían que escucharlos.

Lee Hechos 2:5 al 12. ¿Cuál es la evidencia de que, en Pentecostés, los apóstoles hablaron en idiomas extranjeros existentes?

Se estima que, en el siglo I, había entre ocho y diez millones de judíos en el mundo, y que hasta el sesenta por ciento de ellos vivía fuera del territorio de Judea. No obstante, muchas personas que estaban en Jerusalén para la fiesta eran de países extranjeros y no hablaban arameo, el idioma de los judíos de Judea en ese momento.

No cabe duda de que la mayoría de los conversos en Pentecostés eran judíos de diversas tierras que ahora podían escuchar el evangelio en sus propios idiomas nativos. El término dialektos (Hech. 2:6, 8), que significa idioma de una nación o región (comparar con Hech. 21:40; 22:2; 26:14), demuestra que los apóstoles hablaron en idiomas extranjeros existentes, no en exaltadas lenguas desconocidas. Entonces, evidentemente, ellos hablaban en estos diferentes idiomas. El milagro consistió en que los galileos sencillos ahora podían hablar un idioma que, incluso horas antes, no conocían. Para los judíos locales que presenciaron la escena pero no conocían estos idiomas, la única explicación posible era que los apóstoles estaban borrachos porque emitían sonidos extraños que no tenían sentido para ellos. “Otros se burlaban y decían: ‘Lo que pasa es que están borrachos’ ” (Hech. 2:13, NVI).

Una poderosa manifestación de Dios está ocurriendo frente a sus ojos, y sin embargo estas personas piensan que es solo borrachera. ¿Cómo podemos estar atentos para no ser tan ciegos espiritualmente?

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