“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mat. 24:24).

LA “ABOMINACIÓN DESOLADORA”

En su gran discurso sobre el tiempo del fin, Cristo llama la atención sobre “la abominación desoladora” (Mat. 24:15), una imagen del libro de Daniel (Dan. 9:27; 11:31; 12:11).

Dios llamaba “abominación” a las graves violaciones de su Ley, como la idolatría (Deut. 27:15) o las prácticas sexuales inmorales (Lev. 18:22). Por lo tanto, esta “abominación desoladora” implicaba una especie de apostasía religiosa.

Lee Mateo 24:15 y Lucas 21:20. ¿En qué sentido estos versículos nos ayudan a entender mejor qué quiso decir Jesús con la expresión “abominación desoladora”?

Estos dos versículos aclaran que la predicción de Jesús incluye, en un sentido más inmediato, la terrible destrucción que vendría sobre Jerusalén en el año 70 d.C., cuando la Roma pagana destruiría no solo la ciudad, sino también el templo sagrado.

Sin embargo, hay un segundo cumplimiento de esta profecía en la que los acontecimientos más inmediatos, como la destrucción de Jerusalén, constituyen un tipo de los eventos futuros del tiempo del fin. “Cristo vio en Jerusalén un símbolo del mundo endurecido en la incredulidad y la rebelión, y que corría presuroso al encuentro de los juicios retributivos de Dios” (CS 22).

En Daniel 12:11 y 11:31, la “abominación desoladora” aparece en relación con la última fase de Roma, la fase papal, en la que se establece un sistema alternativo de mediación y salvación, que busca usurpar lo que Cristo hizo y hace por nosotros en el Santuario celestial.

Daniel 8, especialmente los versículos 9 al 12, ayuda a situar estos acontecimientos en su contexto histórico, con un poder romano en dos fases. La primera fase, vista en la rápida expansión horizontal del cuerno pequeño (Dan. 8:9), muestra el vasto imperio de la Roma pagana. En la segunda fase (Dan. 8:10-12), el cuerno pequeño crece verticalmente, derribando algunas de las estrellas (persiguiendo al pueblo de Dios), y engrandeciéndose contra el “príncipe de los ejércitos” (Dan. 8:11), Jesús. Esto representa la fase papal, que surgió de la caída del Imperio Romano pagano, pero sigue siendo Roma. (Por eso un símbolo, el cuerno pequeño, representa ambas fases del mismo poder.) El juicio en Daniel 7:9 y 10, la purificación del Santuario en Daniel 8:14 y las señales en el cielo de Mateo 24:29, todo apunta a la intervención de Dios en favor de su pueblo en los últimos días.

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