“Paguen a cada uno lo que le corresponda: si deben impuestos, paguen los impuestos; si deben contribuciones, paguen las contribuciones; al que deban respeto, muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor. No tengan deudas pendientes con nadie, a no ser la de amarse unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha cumplido la ley” (Rom. 13:7, 8, NVI).

LA MAYORDOMÍA Y LA GRATIFICACIÓN INSTANTÁNEA

“Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Gén. 25:34). Esaú era un hombre robusto, amante de la naturaleza, que seguía sus pasiones. Cuando olió el guiso de su hermano, deseó las lentejas de inmediato, aunque es poco probable que se estuviese muriendo de hambre. Al dejarse llevar por sus emociones y sentimientos, permitió que la presión del momento dominara su razonamiento, y cambió su primogenitura por una gratificación instantánea. Cuando quiso recuperar su derecho a la primogenitura, y “aunque l[o] procuró con lágrimas” (Heb. 12:17), no lo recibió.

En contraste, tenemos el ejemplo de Jesús. Después de un ayuno de cuarenta días y al borde de la inanición, Jesús fue tentado tres veces por Satanás (Mat. 4:3-10). Pero Jesús vio que eran tentaciones, e incluso en su condición debilitada no cedió a la gratificación. Al contrario, se negó a los placeres del pecado y la gratificación durante toda su vida y, al hacerlo, mostró que también podríamos tener poder sobre el pecado. No intercambió ni perdió su derecho a la primogenitura y nos invita a todos a ser coherederos con él (Rom. 8:17; Tito 3:7). Nosotros conservamos nuestro derecho a la primogenitura al seguir el ejemplo que Jesús nos dio al ser tentado (1 Cor. 10:13).

Lo mejor que este mundo puede ofrecernos es experimentar el aquí y el ahora, porque no puede ofrecernos una experiencia en el más allá. Vivir para nosotros mismos es lo opuesto a vivir para Dios.

¿Qué enseñan los siguientes versículos sobre los peligros potenciales de la gratificación instantánea, incluso para las personas fieles? 2 Sam. 11:2­4; Gén. 3:6; Fil. 3:19; 1 Juan 2:16; Rom. 8:8.

El deseo de gratificación instantánea es sintomático de una mente descontrolada; es un enemigo de la paciencia que socava los objetivos a largo plazo, se burla de la responsabilidad y atenta contra ella. Demorar la gratificación es un principio que se aprende; es una habilidad de la vida que nos ayuda a manejar las situaciones y las presiones, especialmente las tentaciones que el mundo nos ofrece, como pedir préstamos en forma imprudente. No obstante, esta idea no es popular en un mundo construido sobre la indulgencia de la recompensa instantánea, las soluciones rápidas y las artimañas para volverse ricos rápidamente. Una vez que hemos experimentado la gratificación instantánea, es más probable que volvamos a elegir la recompensa a corto plazo y, luego una y otra vez. Como mayordomos de los dones que Dios nos ha dado no debemos caer en esa trampa.

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