“El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Mat. 13:22).

EL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

Un popular predicador televisivo tiene un mensaje sencillo: Dios quiere bendecirte, y la prueba de su bendición es la abundancia de bienes materiales que posees. En otras palabras, si eres fiel, Dios te hará rico.

Esta idea, o sus variantes, se ha dado en llamar el evangelio de la prosperidad: Sigue a Dios, y él te hará rico en bienes mundanos. Esta idea no es más que una falsa justificación teológica para el materialismo, porque lo que realmente está diciendo es: ¿Quieres ser materialista y sentirte bien? Bueno, tenemos el “evangelio” para ti.

Sin embargo, relacionar el evangelio con la garantía de riquezas es una distracción mal encauzada. Esta creencia genera una disonancia con las Escrituras y refleja una teología egocéntrica que no es más que la verdad a medias y enfundada en lenguaje bíblico. En la base de esta mentira está el problema de la esencia de todo pecado, que es el yo y el deseo de agradar al yo por sobre todo lo demás.

La teología del evangelio de la prosperidad enseña que si le damos a Dios obtenemos, a cambio, la garantía de que tendremos riquezas materiales. Pero, esto hace que Dios parezca una máquina expendedora y convierte nuestra relación con él en un mero trato: Si yo hago esto, tú prometes hacer aquello. Damos, no porque es lo que hay que hacer, sino por lo que obtenemos a cambio.

Ese es el evangelio de la prosperidad.

Lee 2 Corintios 8:1 al 7. ¿Qué ocurre aquí? ¿Qué principios vemos en estos versículos que contradicen esta idea del evangelio de la prosperidad? ¿Qué quiere decir Pablo cuando habla de la “gracia de dar” (2 Cor. 8:7, NVI)?

Estas personas, aunque en “profunda pobreza” (2 Cor. 8:2), eran muy generosas y daban aún más de lo que podían permitirse. Textos como estos, y muchos otros, ayudan a refutar la falsa teología del evangelio de la prosperidad, que enseña que, si vivimos bien con Dios, tendremos muchas posesiones materiales como resultado de ello.

¿Qué ejemplos puedes encontrar de personas que son fieles a Dios, pero no son ricos en posesiones mundanales, y de quienes no son fieles a Dios, pero son ricos en posesiones mundanas? ¿Qué debería decirnos esto sobre el uso de la riqueza como indicador de las bendiciones de Dios?

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