“Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job. 2:10)

LA ESPOSA DE JOB

Este es probablemente un buen momento para tratar con otra víctima en la historia de Job: su esposa. Ella aparece solo en Job 2:9 y 10. Después de esto, ella se desvanece del relato y de la historia. No se nos dice nada más de ella. Sin embargo, considerando todo lo que sucedió, ¿quién podría imaginarse el dolor que soportó esta desdichada mujer? Su tragedia, la de sus hijos y la de las otras víctimas, en el capítulo 1, muestran la universalidad del sufrimiento. Todos estamos involucrados en el Gran Conflicto; nadie escapa.

Compara Job 2:3 con Job 2:9. ¿Qué frase similar usan Dios y la esposa de Job, y qué importancia tiene el que ambos la usen?

No es coincidencia de que la misma frase acerca de que él retuvo su “integridad” aparezca en ambos textos. El término traducido como “integridad” viene de la misma palabra usada en Job 1:1 y Job 1:8, a menudo traducida como “perfecto”. La raíz de la palabra misma da la idea de “ser completo”, “pleno”.

Es desafortunado que la esposa de Job llegara a desafiar a Job en precisamente lo mismo que Dios felicita en él. En su dolor, en su tristeza, ella empuja a Job a hacer exactamente lo que Dios dice que no hará. Aunque, por cierto, no podemos juzgarla, es una lección para todos nosotros acerca de cuán cuidadosos debemos ser a fin de no volvernos una piedra de tropiezo para otros. (Ver Luc. 17:2.)

Lee Job 2:10. ¿Qué poderoso testimonio da también Job aquí? Ver también Fil. 4:11-13.

Job revela cuán genuina es su fe. Él servirá a Dios en los tiempos buenos como también en los tiempos malos. Sin embargo, lo fascinante es que Satanás ahora desaparece de la historia y no se vuelve a presentar más. Y, aunque el texto no lo menciona, podemos imaginar la frustración y el enojo de Satanás por la respuesta de Job. Después de todo, miren qué fácilmente hizo caer a Adán, a Eva y a tantos otros. El “acusador de los hermanos” (Apoc. 12:10) tendría que buscar a otro a quien acusar en vez de a Job.

¿De qué forma aprendemos a ser fieles a Dios, tanto en los tiempos buenos como en los malos?

Reavivados por su Palabra: Hoy, 2 Crón. 1 – Durante esta semana, PP caps. 36, 37.

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