“Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job. 2:10)

OBEDIENTE HASTA LA MUERTE

En Job 1:22, leemos: “En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno”; y Job 2:10 dice: “En todo esto no pecó Job con sus labios”. En ambos casos, a pesar de los ataques, Job se mantuvo fiel a Dios. Ambos textos enfatizan el hecho de que Job no pecó, ya sea en acción o en palabras.

Por supuesto, los textos no dicen que Job no era un pecador. Nunca dirían eso, porque la Biblia enseña que todos somos pecadores. “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:10). Ser “perfecto y justo”, temer a Dios y evitar el mal (Job 1:1), no hace que una persona sea sin pecado. Como todos los demás, Job nació en pecado y necesitaba un Salvador.

No obstante, a pesar de todo lo que le sobrevino, permaneció fiel a Dios. En este sentido, en su propia manera, puede verse a Job como una especie de símbolo, un débil ejemplo de Jesús (ver la lección 14), quien, en medio de pruebas y tentaciones terribles, no renunció, no cayó en pecado, y refutó así las acusaciones de Satanás contra Dios. Por supuesto, lo que Cristo hizo fue mucho más grande, más extraordinario y de mayores consecuencias que lo que hizo Job. Sin embargo, el sencillo paralelo subsiste.

Lee Mateo 4:1 al 11. ¿En qué sentido la experiencia de Job refleja lo que sucedió aquí?

Aun en un ambiente terrible y con su cuerpo debilitado por falta de alimento, Jesús, en su humanidad, en “semejanza de carne de pecado” (Rom. 8:3), no hizo lo que el diablo quería que él hiciera, así como tampoco lo hizo Job. Y, del mismo modo en que Satanás desapareció de la escena luego de que Job se mantuviera fiel, también después de que Jesús resistió el último esfuerzo de Satanás contra él, la Escritura dice que “el diablo entonces le dejó” (Mat. 4:11; ver también Sant. 4:7).

No obstante, lo que Jesús afrontó en el desierto fue solo el comienzo. Su verdadera prueba la vivió en la Cruz, y aquí también, a pesar de todo lo que sufrió (aún peor que lo que afrontó Job), Jesús se mantuvo fiel, hasta la muerte.

Lee Filipenses 2:5 al 8. ¿Qué esperanza nos ofrece la obediencia de Jesús “hasta la muerte”, y qué nos dice acerca de la manera en que debemos vivir en respuesta a su obediencia?

Reavivados por su Palabra: Hoy, 2 Crón. 2 – Durante esta semana, PP caps. 36, 37.

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