“Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? (Luc. 24:32).

“CON ÉL”

Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos a orillas del mar de Galilea, ya habían presenciado su poder sobre el mal. Lo habían visto desafiar demonios (Luc. 4:34-36), sanar enfermos (vers. 38-41), gobernar la naturaleza (Luc. 5:4-6), revelar el pecado y, luego, asegurarle a Pedro que no había por qué temer (vers. 10).

Algún tiempo más tarde, después de orar toda la noche (Luc. 6:12), Jesús reunió a sus seguidores (discípulos) y, de un grupo mayor, eligió doce y los llamó apóstoles (Luc. 6:13; la palabra griega apóstolos significa “enviados”). Antes de que Jesús los enviara, pasó algún tiempo dándoles instrucciones (Luc. 9:1-5), que fueron similares a los detalles que le dio a un grupo mayor, de setenta, algún tiempo más tarde (Luc. 10:1-16).

Lee Marcos 3:14. ¿Qué quería hacer Jesús antes de enviarlos? ¿Qué mensaje importante hay aquí para todos nosotros?

¿Cuántas veces los discípulos modernos están ansiosos por correr a trabajar por Jesús en vez de pasar tiempo con él? La realidad sencilla es que, cuando salimos para cumplir la comisión evangélica, corriendo de aquí para allá con nuestra propia lista de cómo hacer las cosas, pasamos de largo al Salvador del mundo y tratamos de reemplazarlo con nosotros mismos. Es demasiado fácil tener un “complejo de Mesías,” pensando que nos corresponde salvar al mundo, olvidando que solo Jesús es el Salvador.

No sería descabellado decir que mucho de la historia del cristianismo está manchado por aquellos que profesaron el nombre de Jesús sin conocerlo, sin haber pasado tiempo con él, sin haber sido transformados por él. Lo último que necesita nuestro mundo o nuestra iglesia son personas que corran en el nombre de Cristo sin haber estado “con él”. Una de las estrategias mayores de Satanás en el Gran Con icto ha sido su capacidad de apropiarse de aquellos que reclaman el nombre de Cristo, y usarlos para deshonrar ese nombre. Por ello, antes de enviarlos, Jesús quería que estos hombres estuvieran con él, sin duda para que aprendieran de él.

¿Qué signi ca para nosotros, ahora, sin tener la presencia física de Jesús, estar “con él”? ¿Cuáles son algunas maneras prácticas en las que hoy podemos pasar tiempo real con él?

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