“Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad” Luc. 4:32

jueves 28/may/2015

DEFINICIÓN DE AMOR: PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO - 2a PARTE

“Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?” (Luc. 10:29).

Como experto en la ley judía, el doctor de la Ley debía haber sabido la respuesta a su pregunta. Levítico 19:18, donde se expresa el segundo gran Mandamiento, define “prójimo” como “hijos de tu pueblo”. Por ello, en lugar de proveer una respuesta inmediata a la pregunta del doctor de la Ley, o de entrar en una disputa teológica con él y los que presenciaban el incidente, Jesús elevó al intérprete y a su audiencia a un plano superior.

Lee Lucas 10:30 al 37. ¿Cuáles son los puntos clave de esta historia, y qué revelan acerca del modo en que hemos de tratar a otros?

Nota que Jesús dijo que “un hombre” (vers. 30) cayó en manos de ladrones. ¿Por qué no identificó Jesús la raza o la condición del hombre? Dado el propósito de la historia, ¿por qué eso era importante?

El sacerdote y el levita vieron al hombre herido pero pasaron de largo. Cualquiera que haya sido la razón para no ayudarlo, para nosotros la pregunta es: ¿qué es la verdadera religión, y cómo debemos expresarla? (Deut. 10:12, 13; Miq. 6:8; Sant. 1:27.)

El odio y la animosidad marcaban la relación entre judíos y samaritanos, y en el tiempo de Jesús la enemistad entre ambos solo había empeorado (Luc. 9:51-54; Juan 4:9). Por ello, al hacer del samaritano el “héroe” de la historia, Jesús demostró su punto, en este caso a los judíos, de una manera más fuerte que si lo hubiera hecho de otro modo.

Jesús describió el ministerio del samaritano con gran detalle: se compadeció, se acercó, le vendó las heridas, echó sobre ellas aceite y vino, lo llevó a la posada, pagó por adelantado por su estadía y prometió pagar cualquier adicional en su camino de regreso. Todas estas partes del ministerio del samaritano juntas definen lo ilimitado que es el amor verdadero. A su vez, el hecho de que todas estas cosas fueran hechas a un hombre que, posiblemente, era un judío revela que el verdadero amor no conoce fronteras.

El sacerdote y el levita se preguntaron: ¿Qué me sucedería si me detengo y ayudo a este hombre? El samaritano se preguntó: ¿Qué le sucederá a este hombre si no lo ayudo? ¿Cuál es la diferencia entre ambas preguntas?

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