“No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes” Prov. 25:6

martes 03/mar/2015

El Perezoso

“El perezoso mete la mano en el plato, pero le pesa llevarse el bocado a la boca” (Prov. 26:15).

Así como los estudiantes emplean más tiempo y energía preparándose para hacer trampa en un examen que en estudiar para este, es irónico que el pere zoso se esfuerza mucho para encontrar excusas por su pereza.

Lee Proverbios 26:13 al 16. ¿De qué se nos advierte aquí?

El perezoso puede tener razón: “El león está en el camino” (Prov. 26:13). Por lo tanto, es más sabio quedarse en casa que confrontar el peligro. Pero, al hacer precisamente eso, perdemos todas las oportunidades que la vida nos ofrece. Nunca gozaremos de la belleza de la rosa, si no corremos el riesgo de lastimarnos con sus espinas. No seremos capaces de avanzar, si tenemos miedo de los obstáculos. La gente que no se atreve a comprometerse nunca gustará de la plenitud de la vida.

Considera algunas otras imágenes en esos versículos. Así como la puerta gira sobre sus goznes pero no va a ninguna parte, los perezosos dan vueltas en la cama; es decir, solo cambian de posición, pero tampoco van a ninguna parte.

La otra imagen, en el versículo 15, es aún más sorprendente. Pueden meter la mano en un plato de comida ¡pero son demasiado perezosos para levantarla para alimentarse! Pero, lo que es aún peor es su pereza intelectual, lo cerrado de sus mentes y la certeza de sus propias posiciones.

Por lo tanto, siempre pensarán estar en lo correcto, más sabios que siete sabios (Prov. 26:16), y no se abrirán a otras ideas, tal vez más sabias que las suyas. Los que piensan que tienen todas las respuestas, generalmente no las tienen.

“En el juicio final, los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad” (PP 38). ¿Cómo debemos entender nuestra función de dar a otros la “oportunidad” de aprender qué es la verdad? ¿Dónde comienza nuestra responsabilidad, y dónde termina?

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