“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solo oidores, engañándoos a vosotros mismos”

Santiago 1:22

miércoles 22/oct/2014

¿Útiles o inútiles?

Lee Santiago 1:26, 27, y compáralo con Mateo 25:35, 36, 40, y con Romanos 12:9 al 18. Según estos pasajes, ¿cómo definirías el verdadero cristianismo?

Jesús, Santiago y Pablo, enfatizan la importancia de ser un cristiano útil.Al amar a los “más pequeños” (Mat. 25:40), al visitar a quienes son pasados por alto, al mostrar hospitalidad –en toda manera práctica− revelamos el amor de Jesús y llegamos a ser canales por los cuales Jesús ama a través de nosotros.

“El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable” (MC 373), y sigue explicando allí: “llevar una vida tal, ejercer semejante influencia, cuesta a cada paso esfuerzo, sacrificio de sí mismo y disciplina” (Ibíd.). Esto no nos resulta natural ni es automático. Si nuestra religión consiste solo en afirmar creencias y escuchar sermones, es casi inútil.

Santiago describe lo “religioso” y la “religión” en los versículos 26 y 27, con una palabra que sugiere ser extremadamente devoto. Esto tiene consecuencias inmediatas y visibles, y la gente notará la diferencia.

Un cambio obvio será nuestra elección de palabras. En lugar de observaciones desinhibidas y tonos ásperos, seremos más sensibles a los efectos que nuestra comunicación ejerce sobre otros. “Refrenaremos” nuestra lengua de modo que no corra delante de nosotros con toda la violencia y la energía de un caballo no domado.

Santiago también distingue a los huérfanos y las viudas como personas que necesitamos atender con amor y cuidado. Desde un punto de vista mundano, no tiene sentido concentrar nuestros recursos en quienes no pueden devolver nada a la sociedad. Pero desde el punto de vista de Dios, es cómo tratamos a los desechados y rechazados por el mundo lo que revela quiénes son los verdaderos seguidores de Cristo: ya sea prestando dinero a quienes no pueden devolverlo; invitar a comer a quienes no pueden invitarnos a nosotros; o bendecir y orar por aquellos que nos maltratan (Luc. 6:35; 14:12-14; Mat. 5:44). Como señala Pablo, somos recreados en Cristo para buenas obras (Efe. 2:10).

¿Cuánto de tu tiempo y energía gastas en ayudar a quienes tienen necesidades? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de cuán "útil" eres con tu fe?

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